El toro de lidia es ganado en la plaza
cuando muestra embestidas de cierta elegancia,
empitona al torero con un aire de gracia,
de bravura exquisita él atrae las miradas.
Son los toros en España nuestra fiesta popular,
en los ruedos de sus plazas el bullicio es sin par,
el que faena como el burel dan de sí el no va más,
aunque triste sea el lance es así de (a)normal.
Guste o no esa afición taurina es digna de respetar,
los diestros, los matadores, se las juegan de verdad,
aunque ayuda tengan, salen frente a un fuerte animal,
frente a un público impaciente por el desafío vital.
Tiene rasgos de belleza, no obstante, el lidiar
de los diestros en la plaza contra la brutalidad:
el manejo del capote, el farol sensacional,
la maestría de un desplante, la hora de la verdad.
El toro de lidia es ganado especial,
su crianza en la finca viene de un semental,
de una raza escogida o mezclada, de un cierto avatar,
de un negocio aún vivo que lo ha de guiar.