No doy de sí. Se me quedan cortas las palabras. Ante tal aluvión noticiero, ante tal marabunta informativa actual. Ante tal dislate de distópicas realidades al albur de los acontecimientos que se suceden, unos tras otros, ante mis napias sensibleras.
No quiero ser consciente, pero, ahí está. Encender el televisor, encender la radio, la lectura de la prensa. Nos conecta, inexorablemente, con la palpitante y cruda realidad que, de una u otra forma, nos concierne y nos afecta en cuanto que somos seres humanos vivos globalmente.
Observar, discutir, argüir, dirimir, en unos u otros grados, interactuando entre nosotros, acerca de lo que pasa más allá de nuestras fronteras, porque nos afecte más o nos afecte menos, porque la Guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ya nos está conllevando efectos en el alza del precio de los productos, del petróleo, porque, también, alambicará ideológicamente a nuestra población mundial, sacando el sentido común entre nosotros, por todo eso, por, posiblemente, mucho más, esta conflagración desemboque reacciones inesperadas y servirá para tocar, desafortunadamente, fondo a nuestras resistencias espirituales.
En estos momentos es el Estrecho de Ormuz el punto caliente desde el cual Irán centraliza su ofensiva, bloqueando a Occidente cualquier tipo de comercio de gas o petróleo. Según las noticias, el citado país lo está reconcentrando para sus países aliados, tales cuales Rusia, China y tal vez alguno más.
A Trump y a Netanyahu la ráfaga de bombardeos, de cara a su popularidad global, les está costando un serio precio. Ya no solo se les discute sus ideologías radicales, sino que van ganando terreno en aspectos como crímenes de humanidad. Estados Unidos, al comienzo del bombardeo sobre las supuestas bases militares iraníes, cometió algún error de cálculo, y algún misil acabó cayendo en una escuela de niñas iraníes, que produjo ciento setenta y ocho víctimas. Son “errorcitos” que van a dejar una huella perdurable en la zona.
En fin, que, el orgullo de los poderosos no obsta para que, consecuentemente, dejen propagado un reguero de sangre y destrucción. No exculpo a ninguna de las dos partes en este escenario, ni a Irán, ni a EE.UU.-Israel.
Cómo gestione esto el planeta, los dirigentes que consigan contarlo, las alianzas que se establezcan, dependerán muy mucho de las tácticas militares, de los escarceos castrenses, de la duración de la contienda, de cómo sople el azar a favor de quién.
Los seres humanos de a pie que, más o menos distantes, no estemos tan implicados en la refriega, continuaremos con nuestras vidas, pero afectándonos, en mayor o menor medida, las repercusiones que contraerá tal gigantesca batalla en tan continuado periodo de tiempo.