Este domingo no cualquiera, 30 de agosto de 2026, perimetro la viva esfera de las vivencias cotidianas, de las significativas, de las anodinas también, en un despliegue exhaustivo por dar colorido y romanticismo a mi quehacer narrativo.
Para ello, someramente, analizaré los aconteceres que se me han producido en mi entorno social y familiar, sin entrar en pormenores comprometedores de ningún tipo.
Empezando por primeros de este mes, no puedo olvidar la repercusión que atrajo el inminente proceso del eclipse solar a la península ibérica. Eclipsó, y bien, otros asuntos más trascendentes durante su acometida. Nos hizo, a los españoles, “un poco más liberados de otras circunstancias” más acuciantes. El eclipse solar total cumplió su cometido de parchear heridas mientras su acontecer. Nos relajó de la situación ceutí. De la tensión de la guerra de Irán y Estados Unidos. Y de la de Ucrania contra Rusia.
Además, durante este mes de agosto, a nivel social general, los terremotos en diferentes puntos del planeta, como Colombia, han sido punto de atención periodística, dada su notable gravedad. Así también como en España, las sacudidas y temblores de tierra por zonas como Granada, no han pasado desapercibidas, dados los daños materiales ocasionados.
A mediados de este mes agosteño, paralelamente, me tomaba unos días en mi casa como veraneo o esparcimiento particulares. Mas, sin embargo, durante mi estancia en mi hogar, con mis padres, no he dejado de estar activo. He ayudado a mi padre en ciertas labores de manera voluntaria. Y a mi madre he intentado no disgustarla.
No obstante, la vida continúa, he retornado a mi lugar de residencia habitual, y desde allí, prosigo con mis obligaciones y rutinas.
Destacar, ciertamente, que, con la llegada del último fin de semana de este mes, en el pueblo de Consuegra, donde vivimos unos once mil consaburenses, el trajín y el bullicio se han visto incrementados, debido, principalmente, a la celebración de lo que comúnmente se da en denominar como la “Galera del Cristo de Consuegra”. En ella es tradición que una comitiva de voluntarios participantes, ya sean más jóvenes o más mayores, procedan a la petición de donativos como monedas de menos de un euro, de euro, o de más, lo que consideren los donantes, así como productos que pudiesen aportar (animales, alimentos, etc.), para la rifa que se celebra tras la Galera o procesión de peticiones ya citada.
El fin del dinero recaudado de la rifa, así como de la Galera misma, no es otro que el de apoyar el sustento de la Feria de Consuegra, que viene a celebrarse desde el 21 de septiembre al 25 del mismo mes. Supongo que, con objeto del alumbrado, la pirotecnia, y tal. Además, me parece, otra parte del dinero se destina al mantenimiento de la Iglesia del Cristo, de Consuegra.
Otro dato a tener en cuenta, puedo achacarlo a la celebración del cumpleaños de mi tía, cuyo nombre omito por privacidad. Ella, hermana de mi madre, cumplió los años mientras estaba en mi casa este agosto. Nos reunimos los familiares en la suya, y, como según pasan los años pasan nuevas generaciones y nuevos acontecimientos, hablamos los presentes sosegadamente, en una noche tranquila y despejada. Recordamos, tiernamente, vivencias acaecidas a lo largo de los años, en la última parte de la jornada de su cumpleaños.
Habiendo platicado conmigo y con quien guste leer estos humildes párrafos, poco más puedo añadir este último domingo de agosto, en el que se ven avecinar en mi pueblo las nuevas festividades religiosas de, por ejemplo, la patrona del mismo, la Virgen de la Blanca, el 8 de septiembre, y la del patrón local, nuestro Cristo de la Vera Cruz, el 21 de septiembre, fecha a partir de la cual se da paso a la apertura de la Feria y Fiestas de la localidad de manera oficial.
Este domingo no cualquiera, mejores tiempos espera, de no incendios, de más treguas, de no combates, de mejores maneras.