Me encuentro “a solas” a veces del orbe algo orillado;
no encajo, me digo, con estas personas que a vivir me han tocado.
Desde niño me cuido, a la mente la mimo, soy “el bicho raro”
aun con algunos problemas, lo mío se aguanta, lo de otros, no tanto.
De esta suerte de azares el camino es dispar en cada humano;
en la mía el mío mal no me ha tratado si el conjunto valoro.
Mas entre medias qué baches, tropiezos y aprendizajes marcados.
El camino discurre, inédito, intrépido, por sendas, por prados.
Qué hice, qué hago, qué haré, vital trayectoria haciéndose a pie.
Los caminos se cruzan, confluyen, otros crean también.
Y así las huellas dejadas dejan las marcas que fueron de fe.
Las historias, los hitos, lo que humanos nos hace, ya hoy, ya ayer.
Si miro y comparo mi senda con otras, otras muchas, coincidencias habrá, a ver.
No solo estoy, mi mente juiciosa lo ha de entender.
Mas el estereotipo varía y mucho según sea el grupo que piense de él.
A mí no me importa, que ya tengo carácter, edad, madurez.
Los caminos se cruzan, confluyen, otros crean también.
Maduremos los suelos que discurren por ellos por nuestro bien.
Los caminos de gloria, de paz, de avances, del mañana, del trato cortés.
Los caminos sin violencia, sin guerra ni odios. Los destructivos no se han de emprender.
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