Qué alud de terremotos se nos viene por acá,
por la zona de Granada, del sudeste peninsular.
Esas zonas azotadas por los sismos dan que hablar,
aun siendo de poco riesgo perjudican, molestan.
Las placas de la Tierra que se chocan sin parar
en una avanzadilla de fricciones literal.
Los años van pasando cada vez que ha de lugar
un seísmo de los brutos, destructivos de un lar.
Se entrechocan o se funden las placas en función de sus fuerzas,
de sus masas, o del flujo que las hagan empujar.
Mientras tanto aquí tranquilos no las vemos percatar
a no ser en esas zonas que estragos visan ya.
Aunque estemos preparados con la sismorresistencia
de las casas y edificios, mal no viene recelar.
Es un toque de advertencia, no durmamos en solaz,
preparemos nuestro hogaño para la adversidad.
Como todo alarmismo bien se ha de gestionar,
no de forma exaltada, sino de gradual insistencia.
No con tanta virulencia a la hora de edificar,
no con tanta y tan mala conciencia al cargarnos un clima.
Es ahora en la Península, por la zona de Graná,
en la Alhambra y otros lares donde tiembla la tierra.
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